miércoles, 17 de diciembre de 2014

La Fille du régiment en el Teatro Real


 
El teatro Real  bajo la nueva dirección de Juan Mataboch nos trae algunos espectáculos que antes pudieron verse en El Liceu, institución de la que fue rector. Entre estos buenos espectculos está la Fille du régimen(1840) de Gaetano Donizetti.

La puesta en escena es la que se viera primero en Viena y luego, Metropolitan  y Covent Garden, del inefable Laurent Pelly. Un delirio para una burbuja de chapan como es la obra de Donizetti. También se logró una gran expectativa por la presencia del tenor mejicano Javier Camarena que viene de reemplazar a Juan Diego Flórez precisamente en el rol de Tonio, con un éxito espectacular y el bisado del aria de los 9 does, en el mismo Metropolitan de N.Y.

Personalmente mi mayor expectativa estaba en escuchar por primera vez en vivo a la genial y única Ewa Podles.

Pues las expectativas fueron satisfechas en su totalidad, incluso las críticas que se le hicieron en los periódicos a la protagonista, otra polaca, Aleksandra Kurzak, me parecieron equivocadas pues su canto fue impecable y construyó un personaje encantador. No se debe comparar con la locura desenfadada y arrolladora de Natalie Dessay, que en un principio estaba en esta producción hasta que por razones que no conozco se retiró.

El mejicano lució unos agudos firmes, colocados con absoluta comodidad, su línea de canto es buena, sin la personalidad de Flórez pero con un caudal y un brillo, sobre todo en la zona aguda que produce verdadero placer oírlo. Lo que verdaderamente se extraña es la figura de Flórez pues este es un tanto achaparrado.

El simpático Sulpice estuvo en manos del barítono Pietro Spagnolli, que hizo el Fígaro del barbero de Rossini junto a María Bayo y Juan Diego Flórez, hace unos años en el Real. Una vez más demostró sus cualidades vocales y encanto personal.

Todo el espectáculo salió redondo, alcanzando ese equilibrio entre las cualidades musicales y canoras y las actuaciones perfectamente controladas por Pelly  con Bruno Campanella desde el podio.

Dejo para el final mí ansiado encuentro con la Podles, pues, si bien tiene poco que cantar en esta ópera fue suficiente para medir su registro de contralto autentica, tan pocas veces escuchado, en algunos pasajes sonaba como un barítono. Pero no acaba allí, sino que también es una actriz que se mueve en el escenario con tal autoridad que en las escenas en las que está presente parece ocupar todo el espacio. Se podría decir que no actuaba, ella era esa vieja marquesa un tanto decadente, picara  y de buen corazón. Recibió un lluvia de bravos que me demostraron que no era el único en la sala que tenía esa sensación de estar frente a una autentica figura de esas que aparecen muy de cuando en cuando.
 

sábado, 8 de noviembre de 2014

Música y Literatura


Relación entre música y literatura

1 Relación en sus orígenes


Inicialmente, las artes no cumplían las mismas funciones que en la actualidad, ya que ni estaban concebidas específicamente para lo estético ni poseían un ámbito disciplinario propio. La música no existía sin la danza, a través de la canción, tenía una finalidad práctica: ensalzar en los miembros de cada comunidad unos valores morales, pautas y normas que organizaban su vida y convivencia. De ahí también el carácter sagrado y litúrgico de la misma en la antigüedad. Pero más allá de lo sagrado, de lo litúrgico y del sentido meramente práctico que tenía la música, poco a poco nace una nueva necesidad: la de expresar sentimientos. Ya no solo se trata, por lo tanto, de ensalzar valores, ideas morales e ideales de comportamiento. Se trata también de expresar, comunicar, vivir y transmitir esa experiencia. Y por ello, se continuó utilizando la canción y la danza, como hasta entonces, pero enriqueciendo ritmo, melodía y letra.

La letra ya no solo se utiliza para educar al pueblo. Además y sobre todo, se trata de expresar, transmitir todo tipo de experiencias, sentimientos y estados de ánimo, sin abandonar, por supuesto, la tradición oral de leyendas, cuentos y otras historias para inmortalizar personajes épicos y legendarios del pueblo. De hecho, la letra de la canción, poco a poco trasciende el sentido inicial didáctico y pedagógico, permitiéndose otro tipo de utilización, lo que, con su evolución, dará paso a la poesía.

Comienza una relación directa entre música y literatura que nos acompañará hasta nuestros días, una de las más antiguas y fructíferas colaboraciones existentes entre manifestaciones artísticas.

2 Música y poesía


Desde la Antigüedad hasta nuestros días, la poesía y la música siempre se han encontrado. Hagamos un breve repaso de la historia de nuestra literatura, donde encontraremos las primeras manifestaciones de la relación entre Poesía y Música.
 


 
En la Edad Media, la península Ibérica recibe influencias muy diversas, producto de los intercambios culturales con los pueblos cercanos. Nace la lírica tradicional, poesía compuesta de forma anónima y transmitida oralmente, donde destacan las jarchas de origen árabe de las cuales derivan las cantigas, donde las más reconocidas son las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X el Sabio (1221-1284)
Otro ejemplo de esta relación, son los llamados cantares de gesta, obras que narran las hazañas de héroes y caballeros que defienden el honor de su tierra o de su feudo. Pero como estas a obras eran recitadas – con inserción de cantos – por los juglares, artistas del entretenimiento de la Europa medieval que tocaban instrumentos, cantaban y contaban historias y leyendas, muchas obras nunca se escribieron, o si se escribieron no han llegado hasta nuestros días, sabiéndose de su existencia por las menciones que hacen autores de esta época.
Como vemos, los orígenes de la poesía fueron orales y oral fue su existencia hasta la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1450. A partir de entonces, poco a poco los poemas pasaran a ser también objeto de lectura silenciosa.
 
 
Es interesante ver ciertas definiciones posibles sobre ambas artes aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua, que nos ofrece en su diccionario varias del vocablo música, entre las que destacan las siguientes: “Melodía, ritmo y armonía, combinados”, “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”. Actualmente se apela con frecuencia a la definición de la música como arte de expresión del sentimiento.
La R.A.E., en su definición de poesía, nos da entre otras las siguientes: “Manifestaciones de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”, “Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no por medio del lenguaje”.
Es curiosa esta segunda definición: “cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no por medio del lenguaje”, ya que contempla la posibilidad de que la poesía en ocasiones exista por sí misma, al igual que la música, tal como veremos más adelante.
¿No surge la poesía escuchando una bella melodía o contemplando un paisaje lleno de armonía? O a la inversa: ¿Qué bello poema no está impregnado de musicalidad y armonía? Pero música y poesía  no solamente están unidad en el arte y en conceptos y definiciones. Dicha unión natural existe desde siempre, ligada íntima y armónicamente a la naturaleza (por ejemplo al susurro armónico y melodioso del mar y del viento) y al ser humano en su intimidad (con sus fervientes pasiones, su impulsividad y sus sentimientos), pues en la esencia del ser humano, siempre existió la música. Y siempre existió la poesía.
Como vemos, poesía y música siempre coexistieron. Siempre se han podido percibir y sentir desde la sensibilidad humana. Y el hombre, en su evolución, poco a poco ha aprendido a plasmar mediante texto esas emociones: a través de la escritura con sus respectivos signos, tanto en el mundo literario como en el de la música.
3 El amor como fuente de inspiración
Considerando al amor como un sentimiento muy noble y elevado, en la antigüedad, las concepciones del amor dependieron de la manera de concebir la perfección, una perfección que podemos también manifestar a través de las rimas y las estructuras de la poesía o de las notas y acordes de las composiciones musicales. Veamos lo que piensan algunos pensadores:
José Martí (1853-1895), político, periodista, filósofo y poeta cubano, expresó que de todas las cosas se pueden hacer versos, pero que sólo del sentimiento se hará poesía, y también es suyo este poético pensamiento: “El amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo”. Asimismo, el gran filósofo, matemático y físico francés René Descartes (1596-1650), considerado el padre de la filosofía moderna, escribió que “de los sentimientos dependía todo el bien y el mal de esta vida”.
Desde esta perspectiva, amor, música y poesía aparecen juntos en numerosas ocasiones. Citemos algunos ejemplos:
Los amores, colección poética en versos elegíacos (liricos) de Ovidio. Publio Ovidio Nasón (43 a.C.- 17 d.C.) fue poeta romano, latino por lo tanto, autor de numerosas obras entre las que se pueden citar Arte de amar, en cuyos versos se expone apasionadamente la ciencia del amor. En la obra que señalamos, se dice que el poeta canta a Corina, personaje imaginario. Recordemos que la poesía lírica, en la época de Ovidio, se cantaba con acompañamiento de lira. Eran pues versos que se recitaban cantando y con acompañamiento musical.
Otros muchos ejemplos podrían citarse, como las colecciones de poemas del escritor y poeta francés Pierre de Ronsard (1524-1585), lleno de alusiones mitológicas y filosóficas sobre el tema.
El amor se enlaza con la poesía y la música hasta con el ballet. En España podemos citar como ejemplo El amor brujo, obra del gran compositor Manuel de Falla (1876-1946), o en Alemania los lieder de Robert Schumann (1810-1856), con el ciclo Los amores del poeta, compuesto y publicado en 1840 sobre poemas de Heine, Opus 48 donde los preludios y postludios del piano forman un solo cuerpo con el Lied. El lied, lieder en plural, es una canción popular o melodía, caracterizada por ser de carácter romántico o amoroso. En otras palabras, los Lieder son poemas o conjunto de poemas cantados con su acompañamiento de piano, en un claro ejemplo de la integración entre música y poesía de la que Robert Schumann y antes Franz Schubert son destacados exponentes.
En definitiva, el amor, ha sido y es en numerosas ocasiones un potente motor que desencadena en el ser humano la necesidad de expresar. Y esa necesidad de expresar con música o con palabras los secretos del alma, y el don de infundirles a esas palabras o a esa melodía tales sentimientos, es innato al ser humano, un don que habita en nuestro interior, que nos permite transmitir (tarea de escritores y músicos), o de recibir (como lectores y oyentes) todo tipo de emociones, sensaciones y sentimientos que llegan a nosotros a través de las artes, como son la música y la literatura.
Observemos como lo popular se va a convertir en una constante en esta relación entre música y poesía. El proceso tiene que ver fundamentalmente con la irrupción del nacionalismo a partir del siglo XIX y el procedimiento seguido es similar: observar las características de la poesía y la música popular en su origen y, posteriormente, estilizarlas, pasarlas por el tamiz de la «academia» y por las salas de conciertos, pero sin que pierdan su aire popular.
4 La canción popular en España.
Las características más relevantes de lo popular en música y poesía son:
  • Origen oral y anonimato: la literatura popular surge de las piezas que el pueblo cantaba al calor de su vida cotidiana: labores del campo, festividades religiosas, hazañas de personajes relevantes, amores y desamores... Estas canciones, cuyo autor podemos decir que no es nadie y es toda una colectividad, se transmiten oralmente de generación en generación y van cambiando según pasa el tiempo.
  • Sencillez: la oralidad condiciona a la memoria, por lo que se prefiere que la pieza sea breve y sencilla para que se recuerde mejor.
  • Estructuras repetitivas: se recuerda mejor lo que se repite, de manera que la construcción de estas piezas recurrirá a todos aquellos recursos de reiteración propios del lenguaje poético —paralelismos, anáforas...— y musical —estructura de estrofas y estribillos—. Además hay que tener presente que muchas de estas composiciones estaban pensadas para que un coro repitiera unas estrofas y otro conjunto de personas o un solista desarrollara un tema, o para que se danzaran, a veces en círculo y en sentidos de giro contrarios —como en la sardana catalana—, las diferentes estrofas de las que constaba una pieza. Esto también explica que las estructuras métricas y musicales se repitan de forma más o menos constante en la poesía y la canción populares —romances, coplas ...—. Finalmente, hay que apuntar que estas estructuras repetitivas proporcionan a la composición ritmo y agilidad.
  • Ambiente popular: quien canta lo hace sobre lo que conoce, de ahí que en estos poemas aparezca continuamente la Naturaleza, pero en muchas ocasiones con un significado simbólico. Por otra parte, los protagonistas suelen ser también personajes que pertenecen a ese escenario rural o al imaginario colectivo de esa comunidad. Este ambiente en lo musical viene dado por fenómenos populares como el empleo de cuartos de tono procedentes de la cultura árabe y el flamenco, los cambios en la acentuación del texto, y la inclusión de exclamaciones, quejidos y lamentos.
  • El poema-canción en muchas ocasiones reproduce un sentimiento íntimo que tiene que ver normalmente con el amor y sus cuitas.

Ejemplo:

Jota de Siete canciones populares (1914)
Texto: popular
Música: Manuel de Falla (1876-1946)
Análisis del texto
Esta jota exhala poesía popular por todos sus versos. La estructura métrica, para empezar, se corresponde con una de las estrofas más frecuentes en la literatura popular, la copla (8-, 8a, 8-, 8a). También la temática elegida —las trabas de los adultos para que los jóvenes se amen— es propia de lo popular. Finalmente, la ambientación rural es inconfundible en la costumbre de conversar los amantes a través de las ventanas, como aparece aquí.

Jota
(musicado por Manuel de Falla)

Dicen que no nos queremos
porque no nos ven hablar;
a tu corazón y al mío
se lo pueden preguntar.

Ya me despido de ti,
de tu casa y tu ventana,
y aunque no quiera tu madre,
adiós, niña, hasta mañana.
 
Análisis de la música
El esquema formal de esta canción es el tradicional de la jota. Básicamente se trata de dos momentos que se alternan: el piano, con una figuración vivaz en 3/8 y la voz, más tranquila, en 3/4. A su vez, cada estrofa cantada comienza repitiendo el primer verso dos veces, a modo de presentación o entradilla de lo que sigue, que son los versos restantes ya sin repetir y cantados de un modo más discursivo. Y al final de cada estrofa se vuelve a cantar el cuarto y el primer verso.

 
 
 
 
Federico García Lorca:

La música estuvo presente desde la infancia en la vida de Federico. Su madre quiso que sus hijos tuvieran educación musical. A los siete años, ya estaba estudiando música en los Escolapios de Almería. En Granada los continuó con el organista de la catedral con quien aprendió a tocar el piano y  Antonio Segura, de quien se decía era discípulo del gran Giuseppe Verdi, le dio clases de Armonía y Composición. La muerte de Segura y la negativa de su padre a que marchara a París para ampliar sus estudios, desviaron la clara vocación musical del muchacho hacia la literatura.

Pero la música no lo abandonaría ya. Porque cuando leemos con atención los poemas, las canciones poéticas de Lorca, percibimos de inmediato su musicalidad.

A veces no es una música fácil, pero fluye sin descanso, aun en los momentos más dramáticos de sus comedias. El verso y la prosa de García Lorca tienen música y por eso también su dramaturgia ha sido  objeto de la mirada de muchos compositores.
 
Federico García Lorca, fue además él mismo músico como intérprete y creador. Siempre estuvo en contacto con la música y los músicos. Pese a que su época no era tan pródiga en documentos gráficos como la nuestra, hay diversas fotografías que lo representan ante el piano, esta última tomada en la casa familiar de la Huerta de San Vicente, de Granada, el año 1935. Se lo ve tocando el piano con buen estilo. Para entonces ya había pasado largas veladas con Don Manuel de Falla en los altos de la Alhambra. Junto a él debió aprender muchas cosas, pues tenía una buena formación musical. Hacia 1922, Falla y García Lorca estuvieron a punto de unir sus nombres en un proyecto lírico sobre la farsa Lola la comedianta que lamentablemente se postergó indefinidamente debido a la mala salud de Don Manuel.

Federico, tocaba al piano piezas de Scarlatti, Mozart, Schubert, Beethoven, Chopin, Albéniz, Debussy, Ravel, Stravinsky o Falla, sus favoritos. En la Residencia de Estudiantes, llegó a dar un concierto donde interpretó la Sonata en Fa menor Op. 57 Appassionata de Beethoven.

El poeta Gerardo Diego lo recuerda no solo como armonizador delicioso y hasta magistral de cantos populares sino también como compositor muy personal y lamenta que Federico rompiese esos papeles.

Como creador ha quedado alguna pieza pianística de su juventud, y sobre todo, la colección de Canciones populares españolas que alcanzaron una asombrosa popularidad.

Rafael Alberti lo recordó como pianista en la Residencia de Estudiantes con estas palabras: “¡Tardes y noches de primavera o comienzos del estío, pasadas alrededor de un teclado, oyéndole subir de su rio profundo toda la millonaria riqueza oculta, toda la voz diversa, honda, triste, ágil y alegre de España!”.


Ejemplo:

Nana del Galapaguito (Nana de Sevilla)

Texto: popular
Armonización: Federico García Lorca

Análisis del texto
Esta nana adquiere una variedad realmente llamativa a la hora de ser cantada, ya que con sus versos y su estructura se puede jugar de acuerdo con las necesidades de la canción de cuna que queramos crear. Esta es una de las virtudes de la literatura popular, como quedó explicado anteriormente.
La estructura que fundamenta el conjunto es la seguidilla (7-, 5a, 7-, 5a). A partir de ella, de su repetición, de su variación, el poema va adquiriendo los matices deseados.


      Nana del Galapaguito
       (o Nana de Sevilla)
Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.
Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.

Análisis de la música
Lorca emplea para armonizar esta Nana Sevillana la candencia frigia, andaluza o española consistente en una progresión de 4 acordes formados sobre grados de la escala menor:

La melodía alterna el compás de 3/8 y el de 2/8, dando la sensación de una cierta irregularidad, un agradable desequilibrio que recuerda a la improvisación del arrullo de la nana cantada para dormir a los niños.

La melodía es siempre la misma, al igual que las palabras del texto. En ella se yuxtaponen frases con texto y tarareos sobre la sílaba «a».

Se emplea profusamente el quiebro español (un tresillo de semicorcheas) en las sílabas finales de cada verso, dándole un colorido aún más popular y andaluz.

 

Ejemplo:
La siguiente canción es la ingenua historia de Los Pelegrinos o peregrinos:
 
"Los pelegrinos"
Esta canción es explicita y utiliza palabras comunes que hace sencilla su lectura. Trata de unos pelegrinos que quieren ir a Roma a que los case el Papa ya que son primos y deben pedir una dispensa, ósea, un permiso que los exime de una obligación o permite hacer algo prohibido: en este caso permitirles contraer nupcias.
Hacia Roma caminan
dos pelegrinos,
a que los case el Papa,
porque son primos.

Le ha preguntado el Papa
cómo se llaman.
El le dice que Pedro
y ella que Ana.

Le ha preguntado el Papa
que si han pecado.
El le dice que un beso
que le había dado.

Y ha respondido el Papa
desde su cuarto:
¡Cásate pelegrina
que él es un santo!

Las campanas de Roma
ya repicaron
porque los pelegrinos
ya se han casado.

 
Ejemplo:
La siguiente canción parece un juego lleno de ironía:
"Los reyes de la baraja"
Parece ser que en el autor está desilusionado con su amada ya que la madre de esta ha influido sobre ella y cree que su hija se merece algo mejor, de aquí su sentido sarcástico en la primera estrofa y su desilusión y enfado en las demás por hacer caso a la madre. Es un vivo ejemplo a la hora de su hija tener un amor.
La primera estrofa es un juego con dos significados diferentes de la palabra rey: si la madre quiere para su hija un rey, un monarca, alguien especial, el amante le ofrece cuatro, los de la baraja.
La segunda estrofa recrea la canción de un juego de niños “el pillao”. En la tercera estrofa se distancia de tres elementos de la naturaleza: olivo, esparto y sarmiento. En los últimos versos “me arrepiento /de haberte querido tanto” hay otro tema: el desamor.
Los reyes de la baraja
Si tu madre quiere un rey
La baraja tiene cuatro
Rey de oro
Rey de copas
Rey de espada
Rey de bastos.
 
Corre que te pillo
Corre que te agarro
Mira que te lleno
La cara de barro.
 
Del olivo me retiro
Del esparto
yo me aparto
Del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.
 
Corre que te pillo
Corre que te agarro
mira que te lleno
La cara de barro
 
Ejemplo:

La siguiente canción es un romance que nos traslada a la edad media:
"Romance de Don Boyso"
 El romance, es una estructura de inspiración popular épica y lírica de carácter anónimo, originario de Castilla, Andalucía, Aragón. El Romance de Don Boyso, es uno de los legados orales más representativo de la Edad Media Leonesa; el cual ha pasado por diferentes modificaciones a lo largo de la historia. Debido a que en este romance han quedado recogidas diferentes versiones, muchas de ellas tomadas en Tradiciones Orales Leonesas, Romancero General de León. No obstante la belleza de la melodía, la genial adaptación de Federico García Lorca y su pasión por la música sefardita, una mezcla judío árabe.

 Don Boyso, caballero cristiano, va a tierra de moros buscando una esposa; cree encontrar a una judía, pero le propone bodas si se hace cristiana, descubriendo luego que ha rescatado por azar a su propia hermana Rosalinda, que estaba cautiva. La música que acompaña al mencionado romance es música sefardí.

 Musicalmente si se busca la partitura de la canción se puede notar una complejidad musical. La partitura está en clave de sol y la tonalidad de la canción es un semitono más bajo. La voz cantante nos deleita, haciendo que esta historia sea aún más interesante y dulce para el oído. En la música sefardí se utilizan los registros agudos de la tesitura vocal. A principios del siglo 19, se menciona la presencia de la guitarra, el violín y la pandereta. Es un canto individual, ya que al estar cargado de melismas, con libertades rítmicas, dificulta mucho el canto grupal. El romance sefardí es fundamentalmente monódico. Generalmente son puramente silábicas, es decir, una nota por cada sílaba, pero también con abundante ornamentación y flexibilidad melódica. Cuando se habla de música sefardí, no se puede referir a un género nuevo, sino de una adaptación a una medida de unas melodías ya existentes que hicieron los judíos llegados a España, pero que se enriquecieron con la llegada de los sefardíes en abundancia rítmica e instrumental.

El tono dela canción es lo que podríamos decir agridulce, dulce en el sentido de que este hombre ha encontrado a su hermanita que había sido raptada, pero agria y triste por la decepción o frustración de ser esa mujer de su familia y no alguien que pueda corresponder su amor
Camina don Boyso
mañanita fría
|: a tierra de moros
a buscar amiga. :|

Hallóla lavando
en la fuente fría:
|: ¿Qué haces ahí, mora,
hija de judía? :|

Deja mi caballo
beber agua fría.
|: Reviente el caballo
y quien lo traía, :|
que yo no soy mora
ni hija de judía.
|: Soy una cristiana
que aquí estoy cautiva. :|

Si fueras cristiana
yo te llevaría,
en paños de seda
yo te envolvería;
pero si eres mora,
yo te dejaría.

Montóla a caballo
por ver que decía;
en las siete leguas
no hablará la niña.
Al pasar un campo
de verdes olivas

por aquellos prados
qué llantos hacía.
¡Ay prados! ¡Ay prados!
prados de mi vida.
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,

él se la plantara,
yo se la tenía,
la reina mi madre
la seda torcía,
mi hermano don Boyso
los toros corría.

¿Y cómo te llamas?
Yo soy Rosalinda,
que así me pusieron
porque al ser nacida
una linda rosa
n´el pecho tenía.

Pués tú, por las señas
mi hermana serías.
Ábra la mi madre
puertas de alegría,
por traerla nuera
le traigo a su hija.

 
 
Lorca crea con estas canciones una obra que hunde sus raíces en la tradición oral pero su estética tanto poética como musical coinciden con las vanguardias que iluminan el siglo xx , coincidiendo con Don Manuel de Falla.
 
 
 
 
 
 

 

martes, 25 de febrero de 2014

Arabella, comedia lírica de Richard Strauss sobre texto de Hugo von Hofmannstahl


 

Extracto del libro de Bryan Guilliam: Vida de Richard Strauss

Arabella, el maravilloso fruto producto del último trabajo en colaboración entre los dos grandes artistas, se acercaría mucho más al ideal de opereta que La Helena egipcia, su antecesora y al contrario que esta sigue siendo una de las óperas tardías de mayor éxito de Hofmannstahl.

La obra se desarrolla en Viena, aunque no en la Viena de María Teresa como en El caballero de la rosa, sino en la Viena de 1860, durante la época en que se extendió el liberalismo; una época conocida como la Ringstrasse, tiempo en que Viena experimentó un fuerte crecimiento en el sector de la construcción y las artes alcanzaron la cumbre por su floreciente creatividad.

Para escribir el libreto, Hofmannstahl  se volvió hacia dos de sus anteriores trabajos: una comedia inacabada llamada El cochero hecho conde y una historia corta titulada Lucindor. La comedia le proporcionaba el sitio y el ambiente (especialmente el Flakerball) -el baile de los cocheros- pero lo esencial de la historia provenía de Lucindor,  en la cual se centraba más en la hermana de Arabella, Zdenka, que en la propia Arabella.

A Strauss no le preocupó el hecho de que hubiera dos sopranos; ya se había mostrado encantado componiendo música para dicho emparejamiento de voces, como en los casos Ariadne y Zerbinetta, La Emperatriz y La tintorera o Helena y Aithra, aunque en todos esos casos el personaje protagonista estaba muy claramente definido, por lo que Strauss devolvió a Hofmannstahl el primer borrador, pidiéndole que Arabella tuviera un soliloquio para cerrar el primer acto; la solución que dio Hofmannstahl encantó al compositor. Tan satisfecho quedó Strauss con ella que le envió inmediatamente un telegrama de felicitación el 15 de julio de 1929.

Pero esta euforia se vio tristemente truncada por la tragedia. Dos días antes, el hijo de Hofmannstahl se había suicidado, el mismo día 15, el libretista se Strauss sufrió un derrame cerebral mientras preparaba el funeral de su hijo. El hombre que fue su colaborador y su inspiración artística durante dos décadas jamás abriría el telegrama.

Strauss profundamente conmovido, se encontraba demasiado turbado como para asistir al funeral.

Por primera vez en sus sesenta y cinco años de vida, Strauss-que había demostrado su gran capacidad de adaptación a cualquier circunstancia parecía incapaz de sobreponerse a su depresión. El compositor normalmente estoico y reservado, estallo súbitamente en un llanto inconsolable mientras leía en voz alta un texto de Hofmannstahl ante Elisabeth Schuman y su marido, Carl Alwin, que le habían ido a visitar a su residencia de Garmisch (Baviera)para expresarle sus condolencias al día siguiente de la muerte del poeta. Durante los meses siguientes, Strauss se mantuvo cada vez más aislado e, incluso, desorientado, convencido de que su carrera como compositor de ópera había llegado a su fin.

En su opinión no existía otro libretista que pudiera igualar la profundidad de Hofmannstahl, su sentido de lo teatral ni su instinto para percibir las posibilidades musicales de una obra. Strauss era consciente de los defectos de los que adolecía Arabella; sabía que el texto de los Actos II y III- que carecían del núcleo dramático que tenía el Acto I – necesitaban que alguien los revisara, pero él se veía sencillamente incapaz de cambiar lo que Hofmannstahl había escrito. No obstante sus imperfecciones dramáticas, Arabella será el tributo final del compositor a la memoria de su colaborador desaparecido.

La composición fue larga y trabajosa pero el compositor acudiría a su férrea disciplina para logra finalizar la obra. Strauss logró crear una ópera de un lirismo muy convincente y de una gran intensidad.

En su libreto, Hofmannstahl fue capaz de evitar esta vez los ásperos elementos psicológicos que predominan en La mujer sin sombra y en Helena egipcia, aunque esta última había sido originalmente concebida como una opereta mitológica, en cambio en Arabella, aunque no sea una opereta en sentido estricto, presenta elementos ambientales propios de un género mucho más ligero: como el misterioso conde croata, la escena en un salón de baile en el Acto II, o la coloratura de Fiakermilli, la reina del baile y toda la intriga sexual que se resuelve felizmente en el final.

Strauss, por su parte, estuvo muy acertado al evitar la pavorosa armadura musical wagneriana por medio de un estilo conversacional, intercalado por algunos momentos de un lirismo amargo, inspirado por el intenso sabor de la música popular croata. El famoso dúo del Acto II entre Arabella y su hermana Zdenka procede literalmente de una canción de Croacia del Sur, al igual que el dúo entre Arabella y su futuro esposo Mandryka. Pero sin duda, el mejor momento de todos es la escena final de la obra, que se inicia con un barrido descendente de la orquesta. Arabella, de quien Mandryka sospechaba injustificadamente que le era infiel y cuya inocencia ya había quedado probada, desciende por la escalera para ofrecer a su prometido un vaso de agua pura i cristalina. Era éste un acto simbólico basado en una costumbre popular y con un marcado carácter de sumisión prematrimonial, a pesar de la cual Arabella demuestra durante toda la ópera que es un personaje que controla su propio destino. Es un personaje totalmente moderno según el propio Hofmannstahl, que en el verso final dice a Mandryka que ella sólo puede ser ella misma: tómame tal cual soy.

Se estrenó el 1 de julio de 1933 en el Sächsisches Staatstheater de Dresde, con Clemens Krauss dirigiendo a su esposa, la soprano Vioreca Ursuleac, que desempeñó el rol titular.

Strauss había dedicado la partitura a Fritz Busch, el eximio director musical de la Ópera de Dresde en reconocimiento a la interpretación había hecho de su ópera anterior: Helena egipcia.

viernes, 14 de junio de 2013

Giuseppe Verdi Capítulo IV - Su vida y su obra -


Este es el cuarto de una serie de apuntes preparados para un taller dedicado a la maravillosa obra de Giuseppe Verdi en conmemoración de los 200 años de su nacimiento



La trilogía romántica

SEGUNDO PERIODO CREATIVO

 

Rigoletto

 

La suma de experiencias y el dominio de los recursos expresivos, que alcanzará Verdi en estos años, dará como resultado tres obras capitales: Rigoletto, cuyo estreno tuvo lugar el 11 de marzo de 1851 en el Teatro de La Fenice de Venecia, Il Trovatore de 1852 y La Traviata del mismo año.

Giuseppe Verdi escribió Rigoletto tras el fracaso de la revolución de 1848, que produjo tal desengaño al compositor, que abandonó los temas patrióticos para centrarse más en la psicología de los personajes de sus obras. En este aspecto, Rigoletto rompió moldes, pues el protagonista era un barítono maligno y el tenor abandonaba el papel de caballero romántico para convertirse en un vil canalla.

A principios de 1851, el teatro de La Fenice de Venecia invitó a Verdi a componer una nueva ópera para ser estrenada allí, en una época en que ya era un compositor bien conocido con un amplio grado de libertad a la hora de elegir las obras que prefería musicar. Pidió entonces a Piave (con quien ya había trabajado en Ernani, I due Foscari, Macbeth, Il corsaro y Stiffelio) que examinara la obra Kean de Alejandro Dumas, padre, pero sentía que necesitaba un tema más enérgico con el que trabajar.

Verdi pronto dio con el drama francés Le roi s’amuse (El rey se divierte), del escritor Víctor Hugo. Más tarde explicó que "Contiene posiciones extremadamente poderosas... El tema es grande, inmenso, y tiene un personaje que es una de las más importantes creaciones del teatro de todos los países y todas las épocas". Era un tema muy controvertido y el propio Hugo había tenido problemas con la censura en Francia, que había prohibido producciones de esta obra después de su primera representación casi veinte años antes (y continuaría prohibida durante otros treinta años). Como la Austria de la época directamente controlaba gran parte del norte de Italia, se presentó ante el Consejo de Censores austriacos. La obra de Hugo representaba a un rey (Francisco I de Francia) como un seductor cínico e inmoral, algo que resultaba inaceptable en la Europa de la Restauración posterior a las guerras napoleónicas.

Desde el principio, Verdi era consciente del riesgo, lo mismo que Piave. En una carta Verdi escribió a Piave: "Usa cuatro piernas, corre por toda la ciudad y encuéntrame una persona influyente que pueda obtener permiso para hacer Le Roi s'amuse." Le siguió correspondencia entre un prudente Piave y un ya comprometido Verdi, los dos estaban en riesgo y subestimaron el poder y la intención de los austriacos. Incluso el amistoso Guglielmo Brenna, secretario de La Fenice, que les había prometido que no tendrían problemas con los censores, estaba equivocado.

A comienzos del verano de 1850, empezaron a difundirse rumores de que la censura austriaca iba a prohibir la producción. Consideraban la obra de Hugo en el límite de la lesa majestad, y nunca permitirían que una obra tan escandalosa se representara en Venecia. En agosto, Verdi y Piave prudentemente se retiraron a Busseto, ciudad natal de Verdi, para continuar la composición y preparar un esquema defensivo. Escribieron al teatro, asegurando que las dudas del censor sobre la moralidad de la obra eran injustificadas, pero puesto que quedaba poco tiempo, poco podía hacerse. Los compositores llamaban en secreto a la obra La maldición).

Tres meses antes del estreno llegó de nuevo la censura que vetó el libreto. El comunicado decía así: «El gobernador militar de Venecia, señor Gorzowski, deplora que el poeta Piave y el célebre músico Verdi no hayan sabido escoger otro campo para hacer brotar sus talentos, que el de la repugnante inmoralidad y obscena trivialidad del argumento del libreto titulado La maledizione. Su Excelencia ha dispuesto pues vetar absolutamente la representación y desea que yo advierta a esta Presidencia de abstenerse de cualquier ulterior insistencia al respecto». El censor De Gorzkowski usó el título no oficial de la obra, evidentemente conocida a través de espías, para reforzar, si era necesaria, la violenta carta en la que denegaba definitivamente su consentimiento a la producción.

Para no desperdiciar el trabajo, Piave intentó revisar el libreto y fue incluso capaz de sacar de él otra ópera Il Duca di Vendome, en la que el soberano era sustituido por un duque y tanto él como el jorobado y la maldición desaparecían. Verdi se manifestó completamente en contra de esta solución y en lugar de ello prefirió negociar directamente con los censores, argumentando cada punto de la obra.

El asunto se resolvió gracias a la diplomacia de los administradores del teatro. Brenna, el secretario de La Fenice, mostró a los austriacos algunas cartas y artículos representando el mal personaje pero el gran valor del artista, ayudando para mediar en la disputa. Se trasladaron a Busseto y allí se pusieron de acuerdo con Verdi y el libretista para que se cambiasen al menos estos puntos: Trasladar la acción de la Corte de Francia a un ducado de Francia o Italia; y cambiar los nombres de los protagonistas inventados por Víctor Hugo. En la versión italiana el duque gobierna Mantua y pertenece a la familia Gonzaga: los Gonzaga se habían extinguido hacía tiempo a mediados del siglo XIX, y el Ducado de Mantua ya no existía, de manera que no se podía ofender a nadie. La escena en la que el soberano se retira a la habitación de Gilda se eliminaría. La visita del duque a la taberna no sería dictada por bajos propósitos, sino provocada por un truco. El jorobado (originalmente, Triboulet) pasó a ser llamado Rigoletto (del francés rigolo = divertido). El nombre de la obra también se cambió.

Verdi aceptó estos condicionantes y el contrato se firmó. Las firmas fueron tres: Verdi, Piave y Guglielmo Brenna, secretario de La Fenice. Así fue como nació la ópera Rigoletto que hoy se conoce.

Verdi se propuso en esta obra conciliar la estructura tradicional del melodrama con la complejidad del protagonista, Rigoletto, y eso no lo pudo cambiar la censura con sus condiciones. El bufón Rigoletto es un personaje verdiano, que se mueve entre el afecto por su hija y el odio por el Duque y los cortesanos. Es exactamente lo que Verdi quería realizar.

Para el estreno, Verdi tuvo a Felice Varesi como Rigoletto, el joven tenor Raffaele Mirate como el duque y Teresina Brambilla como Gilda (aunque Verdi hubiera preferido a Teresa De Giuli Borsi). Teresina Brambilla era una soprano bien conocida procedente de una familia de cantantes y músicos; una de sus sobrinas, Teresa Brambilla, fue esposa de Amilcare Ponchielli.

 La inauguración fue un triunfo completo, especialmente la escena dramática, y el aria cínica del duque, "La donna è mobile", que se cantaba por las calles al día siguiente.

Debido al alto riesgo de copias no autorizadas, Verdi había exigido el máximo secreto de todos los cantantes y músicos. El tenor Mirate tuvo la partitura a su disposición sólo unas pocas tardes antes del estreno y se vio obligado a jurar que no cantaría ni silbaría la melodía de "La donna è mobile" antes del estreno.

Muchos años más tarde, Giulia Cori, hija de Varesi, describió la interpretación de su padre en el estreno. Interpretando al Rigoletto original, su padre estaba realmente incómodo con la falsa joroba que tenía que llevar; estaba tan inseguro que, incluso siendo un cantante experimentado, tuvo un ataque de pánico cuando le tocó entrar en escena. Verdi inmediatamente se dio cuenta de que estaba paralizado y brutalmente lo empujó al escenario, de manera que apareció con una torpe caída. Esto divirtió mucho al público, que creyó que era un chiste.


En el siguiente enlace podremos escuchar al barítono Piero Cappuccilli, uno de los grandes intérpretes del infeliz bufón, en la segunda escena del primer acto.  

.  Un extraño encuentro con un asesino a sueldo que le ofrece sus servicios, deja a Rigoletto reflexionando sobre su triste condición, llegándose a comparar con el sicario.

RIGOLETTO
(Siguiendo a Sparafucile con la vista)
¡Somos iguales!
Yo con la lengua y él con el puñal;
¡Yo soy el hombre que ríe,
él, el que mata!
¡Aquel viejo me maldijo!
¡Oh hombres!... ¡Oh, naturaleza!...
¡Me habéis hecho un vil malvado!...
¡Que rabia, ser deforme!...
¡qué rabia ser bufón!...
¡No deber, no poder hacer otra cosa
mas que reír!
Me está prohibido el patrimonio
de cualquier hombre... ¡el llanto!
Y mi amo joven y alegre,
tan poderoso, adormilándose me dice:
¡bufón hazme reír!...
Y debo esforzarme y conseguirlo.
¡Qué condena!
¡Os odio, cortesanos repugnantes!
¡Que alegría me da el zaheriros!
Si soy perverso, es por vuestra culpa.
¡Pero aquí soy otro hombre!
¡Aquel viejo me maldijo!
¿por qué este pensamiento me turba?
¿me sucederá alguna desgracia?
No, ¡es una locura!


El trovador (Il Trovatore)


Composición
Fue el mismo Verdi quien tuvo la idea de componer una ópera sobre el tema de García Gutiérrez, encargando a Salvatore Cammarano la redacción del libreto. El poeta napolitano murió súbitamente en el año 1852, poco después de concluir el libreto, y Verdi, que deseaba hacer algunos añadidos y modificaciones, recurrió a la intervención de un colaborador de Cammarano, Leone Emanuele Bardare. Este, que trabajó bajo las precisas instrucciones del compositor, cambió la métrica de la canción de Azucena (de septetos a dobles quintetos) y añadió el cantable de Luna (Il balen del suo sorriso - II.3) y el de Leonora (D'amor sull'ali rosee - IV.1). El mismo Verdi, por otro lado, intervino personalmente sobre los versos finales de la ópera, abreviándolos. El año 1857 Verdi revisó la partitura a raíz de su estreno en París, añadiéndole un ballet.
Las largas meditaciones de Verdi sobre la ópera en gestación apuntaban a realizar una cosa nueva y muy diferente al convencional. Salvatore Cammarano era un libretista con talento y respetado, pero sus ideas estilísticas corrían por otros caminos. En una carta escrita en abril de 1851, Verdi le expresó su idea de una ópera de una sola pieza, sin cavatinas, ni dúos, ni tercetos, ni coros, ni los finales de rigor. Era costumbre que las óperas comenzaran con un coro, pero, entre otras, esta no era la idea para El trovador. Deseaba fundir los dos primeros actos en uno y que, más que partes de una ópera, los diferentes momentos fuesen tratados como movimientos de un concierto. Verdi formulaba ideas avanzadas para la ópera italiana de su época, Cammarano adoptó una postura conservadora y no le dio lo que esperaba de él: el resultado, se puede comprobar, es exactamente lo contrario a la idea original.
Enemigo de las discusiones y presiones de diversa índole, el compositor recibió la noticia de la muerte de su madre y el proyecto estuvo a punto de quedar en nada. Recuperó las fuerzas para reemprender la tarea. A finales de año, Verdi partió a París con Strepponi, recomendando a Cammarano que acabase el libreto cuanto antes. En febrero de 1852 se enteró de que el poeta pasaba por una grave enfermedad, aunque le aseguraron que estaba fuera de peligro. El trabajo no avanzada y pensó que lo acabase otro libretista. Paralelamente no tardó en surgir la posibilidad de que, si los censores aprobaban el libreto, El trovador se estrenase en el Teatro Apollo de Roma en enero de 1853. Pero el texto siguió estancado, la salud de Cammarano empeoraba y el desenlace fue fatal. El músico supo la muerte de su colaborador por un obituario publicado en un diario teatral y lamentó que no hubiese ocurrido por medio de la carta de algún amigo o persona cercana.
Ocho días antes de morir, Cammarano llegó a completar Di quella pira. Verdi le entregó a la viuda del poeta, sola con seis hijos, el dinero acordado para el libretista más una suma adicional. Se necesitaba con urgencia un hombre de letras para acabar la faena - faltaban partes del tercer acto y la totalidad del cuarto- y hacer cambios de último momento, la elección recayó en un napolitano amigo de Cammarano, Leone Emanuele Bardare. Cuando le encomendó esta obra, Bardare tenía 32 años, iniciaba su carrera de libretista y con el tiempo llegó a escribir los textos de más de quince óperas.
Representaciones
Verdi regresó a París en Santa Ágata y hacia finales de diciembre de 1852 viajó a Roma, donde, instalándose en un piso alto del Hotel Europa y teniendo a su disposición un piano, una vez acabada la partitura de la ópera, mientras esperaba el estreno, componía La traviata.
No hubo problemas con la censura y según lo previsto, El trovador se estrenó en el Teatro Apollo el 19 de enero de 1853. Esta sala tenía fama de contar en sus filas con excelentes cantantes, pero no fueron los que Verdi hubiera querido: en lugar de Raffaele Mirate -el primer duque de Mantua en Rigoletto-, Manrico fue Carlo Baucardé, el papel de Leonora era ideal para Teresa De Giulio-Borsí, pero recayó en Rosina Rossí. Emilia Goggi fue Azucena y Giovanni Guicciardi el conde de Luna.
El triunfo de la nueva ópera superó todas las expectativas y Verdi recibió el obsequio de una corona de laureles con cintas rojas. Después de la tercera representación, una multitud que empuñaba antorchas acompañó al maestro a su hotel, y una pequeña banda tocó bajo su balcón música hasta la madrugada. Era costumbre del compositor retirarse de la ciudad de turno después de la tercera representación, pero en agradecimiento se quedó para la cuarta. Esta noche, el Apollo fue decorado con flores y estandartes. Sí, el triunfo era innegable, pero Verdi le dijo a su amiga la condesa Clara Maffei, que habría funcionado mejor con otros cantantes y que algunas personas comentaron que El trovador era una ópera triste y ominosa.
La inmensa popularidad de la obra, con alrededor de 229 producciones por todo el mundo en los siguientes tres años, queda ilustrada por el hecho de que, en Nápoles, por ejemplo, donde la ópera en sus tres primeros años tuvo once puestas en escena en seis teatros, las representaciones ascendieron a 190.
La partitura exige cinco voces de gran calidad, pues, aunque el papel del bajo es muy corto, se precisa una voz rotunda, y lo mismo en el caso de los cuatro protagonistas principales, Leonora (soprano), Manrico (tenor), Azucena (mezzosoprano) y el Conde de Luna (barítono), todos ellos con arias, dúos y tercetos de gran dificultad.
En el personaje de la gitana Azucena, Verdi encuentra el nudo del drama, para este ambiguo personaje desarrolla una declamación lírica, que trasciende las formas tradicionales que estructuran esta ópera, aparentemente conservadora, para el camino que estaba desarrollando en estos fructíferos años. El personaje se emparenta en su expresión dramática con el de Rigoletto.




La Traviata

Está basada en La Dame aux camélias (La dama de las camelias), que Alejandro Dumas había escrito un año antes, una visión trágica del demi-monde contemporáneo. Al principio, la ópera se consideró sospechosa desde el punto de vista moral, durante los primeros cincuenta años de su existencia la acción se atenuó con decorados y vestuarios del siglo XVIII.
La Traviata, muestra una extraordinaria sensibilidad psicológica al representar la respuesta de Violeta a la declaración de Alfredo en las cavilaciones de “Ah, fors´è lui” o en la magnífica escena con Germont padre, en el que se deja persuadir por éste para que abandone a Alfredo, así como también en su resignación ante la enfermedad, en “Addio del passato”. En parte Verdi consiguió transmitir esta sensibilidad mediante una mayor restricción de la orquestación y su finísimo sentido de las posibilidades del color instrumental, como se aprecia en la división de las cuerdas en los preludios del primer y del último acto, o en el solo de clarinete que acompaña a Violeta mientras escribe su carta de despedida, o también en la figuras del oboe es su  “Addio del passato”. Otros signos de la mayor amplitud de la gama expresiva de Verdi se detectan en la partitura vocal para su heroína: los efectos de coloratura se limitan al primer acto, apareciendo en su chanza con Alfredo y, sobre todo, en la cabaletta “Sempre libera”, con la que Violeta celebra su alocada vida de cortesana, pero en el resto de la obra sus simples melodías líricas se desvían muy sutilmente siguiendo las inflexiones del texto, tal y como ocurre en el pasaje “Dite alla giovine” del dúo ya mencionado con Germont, o en el solo “Alfredo, Alfredo…” del concertante que pone fin al segundo acto.