sábado, 8 de noviembre de 2014

Música y Literatura


Relación entre música y literatura

1 Relación en sus orígenes


Inicialmente, las artes no cumplían las mismas funciones que en la actualidad, ya que ni estaban concebidas específicamente para lo estético ni poseían un ámbito disciplinario propio. La música no existía sin la danza, a través de la canción, tenía una finalidad práctica: ensalzar en los miembros de cada comunidad unos valores morales, pautas y normas que organizaban su vida y convivencia. De ahí también el carácter sagrado y litúrgico de la misma en la antigüedad. Pero más allá de lo sagrado, de lo litúrgico y del sentido meramente práctico que tenía la música, poco a poco nace una nueva necesidad: la de expresar sentimientos. Ya no solo se trata, por lo tanto, de ensalzar valores, ideas morales e ideales de comportamiento. Se trata también de expresar, comunicar, vivir y transmitir esa experiencia. Y por ello, se continuó utilizando la canción y la danza, como hasta entonces, pero enriqueciendo ritmo, melodía y letra.

La letra ya no solo se utiliza para educar al pueblo. Además y sobre todo, se trata de expresar, transmitir todo tipo de experiencias, sentimientos y estados de ánimo, sin abandonar, por supuesto, la tradición oral de leyendas, cuentos y otras historias para inmortalizar personajes épicos y legendarios del pueblo. De hecho, la letra de la canción, poco a poco trasciende el sentido inicial didáctico y pedagógico, permitiéndose otro tipo de utilización, lo que, con su evolución, dará paso a la poesía.

Comienza una relación directa entre música y literatura que nos acompañará hasta nuestros días, una de las más antiguas y fructíferas colaboraciones existentes entre manifestaciones artísticas.

2 Música y poesía


Desde la Antigüedad hasta nuestros días, la poesía y la música siempre se han encontrado. Hagamos un breve repaso de la historia de nuestra literatura, donde encontraremos las primeras manifestaciones de la relación entre Poesía y Música.
 


 
En la Edad Media, la península Ibérica recibe influencias muy diversas, producto de los intercambios culturales con los pueblos cercanos. Nace la lírica tradicional, poesía compuesta de forma anónima y transmitida oralmente, donde destacan las jarchas de origen árabe de las cuales derivan las cantigas, donde las más reconocidas son las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X el Sabio (1221-1284)
Otro ejemplo de esta relación, son los llamados cantares de gesta, obras que narran las hazañas de héroes y caballeros que defienden el honor de su tierra o de su feudo. Pero como estas a obras eran recitadas – con inserción de cantos – por los juglares, artistas del entretenimiento de la Europa medieval que tocaban instrumentos, cantaban y contaban historias y leyendas, muchas obras nunca se escribieron, o si se escribieron no han llegado hasta nuestros días, sabiéndose de su existencia por las menciones que hacen autores de esta época.
Como vemos, los orígenes de la poesía fueron orales y oral fue su existencia hasta la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1450. A partir de entonces, poco a poco los poemas pasaran a ser también objeto de lectura silenciosa.
 
 
Es interesante ver ciertas definiciones posibles sobre ambas artes aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua, que nos ofrece en su diccionario varias del vocablo música, entre las que destacan las siguientes: “Melodía, ritmo y armonía, combinados”, “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”. Actualmente se apela con frecuencia a la definición de la música como arte de expresión del sentimiento.
La R.A.E., en su definición de poesía, nos da entre otras las siguientes: “Manifestaciones de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”, “Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no por medio del lenguaje”.
Es curiosa esta segunda definición: “cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no por medio del lenguaje”, ya que contempla la posibilidad de que la poesía en ocasiones exista por sí misma, al igual que la música, tal como veremos más adelante.
¿No surge la poesía escuchando una bella melodía o contemplando un paisaje lleno de armonía? O a la inversa: ¿Qué bello poema no está impregnado de musicalidad y armonía? Pero música y poesía  no solamente están unidad en el arte y en conceptos y definiciones. Dicha unión natural existe desde siempre, ligada íntima y armónicamente a la naturaleza (por ejemplo al susurro armónico y melodioso del mar y del viento) y al ser humano en su intimidad (con sus fervientes pasiones, su impulsividad y sus sentimientos), pues en la esencia del ser humano, siempre existió la música. Y siempre existió la poesía.
Como vemos, poesía y música siempre coexistieron. Siempre se han podido percibir y sentir desde la sensibilidad humana. Y el hombre, en su evolución, poco a poco ha aprendido a plasmar mediante texto esas emociones: a través de la escritura con sus respectivos signos, tanto en el mundo literario como en el de la música.
3 El amor como fuente de inspiración
Considerando al amor como un sentimiento muy noble y elevado, en la antigüedad, las concepciones del amor dependieron de la manera de concebir la perfección, una perfección que podemos también manifestar a través de las rimas y las estructuras de la poesía o de las notas y acordes de las composiciones musicales. Veamos lo que piensan algunos pensadores:
José Martí (1853-1895), político, periodista, filósofo y poeta cubano, expresó que de todas las cosas se pueden hacer versos, pero que sólo del sentimiento se hará poesía, y también es suyo este poético pensamiento: “El amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo”. Asimismo, el gran filósofo, matemático y físico francés René Descartes (1596-1650), considerado el padre de la filosofía moderna, escribió que “de los sentimientos dependía todo el bien y el mal de esta vida”.
Desde esta perspectiva, amor, música y poesía aparecen juntos en numerosas ocasiones. Citemos algunos ejemplos:
Los amores, colección poética en versos elegíacos (liricos) de Ovidio. Publio Ovidio Nasón (43 a.C.- 17 d.C.) fue poeta romano, latino por lo tanto, autor de numerosas obras entre las que se pueden citar Arte de amar, en cuyos versos se expone apasionadamente la ciencia del amor. En la obra que señalamos, se dice que el poeta canta a Corina, personaje imaginario. Recordemos que la poesía lírica, en la época de Ovidio, se cantaba con acompañamiento de lira. Eran pues versos que se recitaban cantando y con acompañamiento musical.
Otros muchos ejemplos podrían citarse, como las colecciones de poemas del escritor y poeta francés Pierre de Ronsard (1524-1585), lleno de alusiones mitológicas y filosóficas sobre el tema.
El amor se enlaza con la poesía y la música hasta con el ballet. En España podemos citar como ejemplo El amor brujo, obra del gran compositor Manuel de Falla (1876-1946), o en Alemania los lieder de Robert Schumann (1810-1856), con el ciclo Los amores del poeta, compuesto y publicado en 1840 sobre poemas de Heine, Opus 48 donde los preludios y postludios del piano forman un solo cuerpo con el Lied. El lied, lieder en plural, es una canción popular o melodía, caracterizada por ser de carácter romántico o amoroso. En otras palabras, los Lieder son poemas o conjunto de poemas cantados con su acompañamiento de piano, en un claro ejemplo de la integración entre música y poesía de la que Robert Schumann y antes Franz Schubert son destacados exponentes.
En definitiva, el amor, ha sido y es en numerosas ocasiones un potente motor que desencadena en el ser humano la necesidad de expresar. Y esa necesidad de expresar con música o con palabras los secretos del alma, y el don de infundirles a esas palabras o a esa melodía tales sentimientos, es innato al ser humano, un don que habita en nuestro interior, que nos permite transmitir (tarea de escritores y músicos), o de recibir (como lectores y oyentes) todo tipo de emociones, sensaciones y sentimientos que llegan a nosotros a través de las artes, como son la música y la literatura.
Observemos como lo popular se va a convertir en una constante en esta relación entre música y poesía. El proceso tiene que ver fundamentalmente con la irrupción del nacionalismo a partir del siglo XIX y el procedimiento seguido es similar: observar las características de la poesía y la música popular en su origen y, posteriormente, estilizarlas, pasarlas por el tamiz de la «academia» y por las salas de conciertos, pero sin que pierdan su aire popular.
4 La canción popular en España.
Las características más relevantes de lo popular en música y poesía son:
  • Origen oral y anonimato: la literatura popular surge de las piezas que el pueblo cantaba al calor de su vida cotidiana: labores del campo, festividades religiosas, hazañas de personajes relevantes, amores y desamores... Estas canciones, cuyo autor podemos decir que no es nadie y es toda una colectividad, se transmiten oralmente de generación en generación y van cambiando según pasa el tiempo.
  • Sencillez: la oralidad condiciona a la memoria, por lo que se prefiere que la pieza sea breve y sencilla para que se recuerde mejor.
  • Estructuras repetitivas: se recuerda mejor lo que se repite, de manera que la construcción de estas piezas recurrirá a todos aquellos recursos de reiteración propios del lenguaje poético —paralelismos, anáforas...— y musical —estructura de estrofas y estribillos—. Además hay que tener presente que muchas de estas composiciones estaban pensadas para que un coro repitiera unas estrofas y otro conjunto de personas o un solista desarrollara un tema, o para que se danzaran, a veces en círculo y en sentidos de giro contrarios —como en la sardana catalana—, las diferentes estrofas de las que constaba una pieza. Esto también explica que las estructuras métricas y musicales se repitan de forma más o menos constante en la poesía y la canción populares —romances, coplas ...—. Finalmente, hay que apuntar que estas estructuras repetitivas proporcionan a la composición ritmo y agilidad.
  • Ambiente popular: quien canta lo hace sobre lo que conoce, de ahí que en estos poemas aparezca continuamente la Naturaleza, pero en muchas ocasiones con un significado simbólico. Por otra parte, los protagonistas suelen ser también personajes que pertenecen a ese escenario rural o al imaginario colectivo de esa comunidad. Este ambiente en lo musical viene dado por fenómenos populares como el empleo de cuartos de tono procedentes de la cultura árabe y el flamenco, los cambios en la acentuación del texto, y la inclusión de exclamaciones, quejidos y lamentos.
  • El poema-canción en muchas ocasiones reproduce un sentimiento íntimo que tiene que ver normalmente con el amor y sus cuitas.

Ejemplo:

Jota de Siete canciones populares (1914)
Texto: popular
Música: Manuel de Falla (1876-1946)
Análisis del texto
Esta jota exhala poesía popular por todos sus versos. La estructura métrica, para empezar, se corresponde con una de las estrofas más frecuentes en la literatura popular, la copla (8-, 8a, 8-, 8a). También la temática elegida —las trabas de los adultos para que los jóvenes se amen— es propia de lo popular. Finalmente, la ambientación rural es inconfundible en la costumbre de conversar los amantes a través de las ventanas, como aparece aquí.

Jota
(musicado por Manuel de Falla)

Dicen que no nos queremos
porque no nos ven hablar;
a tu corazón y al mío
se lo pueden preguntar.

Ya me despido de ti,
de tu casa y tu ventana,
y aunque no quiera tu madre,
adiós, niña, hasta mañana.
 
Análisis de la música
El esquema formal de esta canción es el tradicional de la jota. Básicamente se trata de dos momentos que se alternan: el piano, con una figuración vivaz en 3/8 y la voz, más tranquila, en 3/4. A su vez, cada estrofa cantada comienza repitiendo el primer verso dos veces, a modo de presentación o entradilla de lo que sigue, que son los versos restantes ya sin repetir y cantados de un modo más discursivo. Y al final de cada estrofa se vuelve a cantar el cuarto y el primer verso.

 
 
 
 
Federico García Lorca:

La música estuvo presente desde la infancia en la vida de Federico. Su madre quiso que sus hijos tuvieran educación musical. A los siete años, ya estaba estudiando música en los Escolapios de Almería. En Granada los continuó con el organista de la catedral con quien aprendió a tocar el piano y  Antonio Segura, de quien se decía era discípulo del gran Giuseppe Verdi, le dio clases de Armonía y Composición. La muerte de Segura y la negativa de su padre a que marchara a París para ampliar sus estudios, desviaron la clara vocación musical del muchacho hacia la literatura.

Pero la música no lo abandonaría ya. Porque cuando leemos con atención los poemas, las canciones poéticas de Lorca, percibimos de inmediato su musicalidad.

A veces no es una música fácil, pero fluye sin descanso, aun en los momentos más dramáticos de sus comedias. El verso y la prosa de García Lorca tienen música y por eso también su dramaturgia ha sido  objeto de la mirada de muchos compositores.
 
Federico García Lorca, fue además él mismo músico como intérprete y creador. Siempre estuvo en contacto con la música y los músicos. Pese a que su época no era tan pródiga en documentos gráficos como la nuestra, hay diversas fotografías que lo representan ante el piano, esta última tomada en la casa familiar de la Huerta de San Vicente, de Granada, el año 1935. Se lo ve tocando el piano con buen estilo. Para entonces ya había pasado largas veladas con Don Manuel de Falla en los altos de la Alhambra. Junto a él debió aprender muchas cosas, pues tenía una buena formación musical. Hacia 1922, Falla y García Lorca estuvieron a punto de unir sus nombres en un proyecto lírico sobre la farsa Lola la comedianta que lamentablemente se postergó indefinidamente debido a la mala salud de Don Manuel.

Federico, tocaba al piano piezas de Scarlatti, Mozart, Schubert, Beethoven, Chopin, Albéniz, Debussy, Ravel, Stravinsky o Falla, sus favoritos. En la Residencia de Estudiantes, llegó a dar un concierto donde interpretó la Sonata en Fa menor Op. 57 Appassionata de Beethoven.

El poeta Gerardo Diego lo recuerda no solo como armonizador delicioso y hasta magistral de cantos populares sino también como compositor muy personal y lamenta que Federico rompiese esos papeles.

Como creador ha quedado alguna pieza pianística de su juventud, y sobre todo, la colección de Canciones populares españolas que alcanzaron una asombrosa popularidad.

Rafael Alberti lo recordó como pianista en la Residencia de Estudiantes con estas palabras: “¡Tardes y noches de primavera o comienzos del estío, pasadas alrededor de un teclado, oyéndole subir de su rio profundo toda la millonaria riqueza oculta, toda la voz diversa, honda, triste, ágil y alegre de España!”.


Ejemplo:

Nana del Galapaguito (Nana de Sevilla)

Texto: popular
Armonización: Federico García Lorca

Análisis del texto
Esta nana adquiere una variedad realmente llamativa a la hora de ser cantada, ya que con sus versos y su estructura se puede jugar de acuerdo con las necesidades de la canción de cuna que queramos crear. Esta es una de las virtudes de la literatura popular, como quedó explicado anteriormente.
La estructura que fundamenta el conjunto es la seguidilla (7-, 5a, 7-, 5a). A partir de ella, de su repetición, de su variación, el poema va adquiriendo los matices deseados.


      Nana del Galapaguito
       (o Nana de Sevilla)
Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.
Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.

Análisis de la música
Lorca emplea para armonizar esta Nana Sevillana la candencia frigia, andaluza o española consistente en una progresión de 4 acordes formados sobre grados de la escala menor:

La melodía alterna el compás de 3/8 y el de 2/8, dando la sensación de una cierta irregularidad, un agradable desequilibrio que recuerda a la improvisación del arrullo de la nana cantada para dormir a los niños.

La melodía es siempre la misma, al igual que las palabras del texto. En ella se yuxtaponen frases con texto y tarareos sobre la sílaba «a».

Se emplea profusamente el quiebro español (un tresillo de semicorcheas) en las sílabas finales de cada verso, dándole un colorido aún más popular y andaluz.

 

Ejemplo:
La siguiente canción es la ingenua historia de Los Pelegrinos o peregrinos:
 
"Los pelegrinos"
Esta canción es explicita y utiliza palabras comunes que hace sencilla su lectura. Trata de unos pelegrinos que quieren ir a Roma a que los case el Papa ya que son primos y deben pedir una dispensa, ósea, un permiso que los exime de una obligación o permite hacer algo prohibido: en este caso permitirles contraer nupcias.
Hacia Roma caminan
dos pelegrinos,
a que los case el Papa,
porque son primos.

Le ha preguntado el Papa
cómo se llaman.
El le dice que Pedro
y ella que Ana.

Le ha preguntado el Papa
que si han pecado.
El le dice que un beso
que le había dado.

Y ha respondido el Papa
desde su cuarto:
¡Cásate pelegrina
que él es un santo!

Las campanas de Roma
ya repicaron
porque los pelegrinos
ya se han casado.

 
Ejemplo:
La siguiente canción parece un juego lleno de ironía:
"Los reyes de la baraja"
Parece ser que en el autor está desilusionado con su amada ya que la madre de esta ha influido sobre ella y cree que su hija se merece algo mejor, de aquí su sentido sarcástico en la primera estrofa y su desilusión y enfado en las demás por hacer caso a la madre. Es un vivo ejemplo a la hora de su hija tener un amor.
La primera estrofa es un juego con dos significados diferentes de la palabra rey: si la madre quiere para su hija un rey, un monarca, alguien especial, el amante le ofrece cuatro, los de la baraja.
La segunda estrofa recrea la canción de un juego de niños “el pillao”. En la tercera estrofa se distancia de tres elementos de la naturaleza: olivo, esparto y sarmiento. En los últimos versos “me arrepiento /de haberte querido tanto” hay otro tema: el desamor.
Los reyes de la baraja
Si tu madre quiere un rey
La baraja tiene cuatro
Rey de oro
Rey de copas
Rey de espada
Rey de bastos.
 
Corre que te pillo
Corre que te agarro
Mira que te lleno
La cara de barro.
 
Del olivo me retiro
Del esparto
yo me aparto
Del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.
 
Corre que te pillo
Corre que te agarro
mira que te lleno
La cara de barro
 
Ejemplo:

La siguiente canción es un romance que nos traslada a la edad media:
"Romance de Don Boyso"
 El romance, es una estructura de inspiración popular épica y lírica de carácter anónimo, originario de Castilla, Andalucía, Aragón. El Romance de Don Boyso, es uno de los legados orales más representativo de la Edad Media Leonesa; el cual ha pasado por diferentes modificaciones a lo largo de la historia. Debido a que en este romance han quedado recogidas diferentes versiones, muchas de ellas tomadas en Tradiciones Orales Leonesas, Romancero General de León. No obstante la belleza de la melodía, la genial adaptación de Federico García Lorca y su pasión por la música sefardita, una mezcla judío árabe.

 Don Boyso, caballero cristiano, va a tierra de moros buscando una esposa; cree encontrar a una judía, pero le propone bodas si se hace cristiana, descubriendo luego que ha rescatado por azar a su propia hermana Rosalinda, que estaba cautiva. La música que acompaña al mencionado romance es música sefardí.

 Musicalmente si se busca la partitura de la canción se puede notar una complejidad musical. La partitura está en clave de sol y la tonalidad de la canción es un semitono más bajo. La voz cantante nos deleita, haciendo que esta historia sea aún más interesante y dulce para el oído. En la música sefardí se utilizan los registros agudos de la tesitura vocal. A principios del siglo 19, se menciona la presencia de la guitarra, el violín y la pandereta. Es un canto individual, ya que al estar cargado de melismas, con libertades rítmicas, dificulta mucho el canto grupal. El romance sefardí es fundamentalmente monódico. Generalmente son puramente silábicas, es decir, una nota por cada sílaba, pero también con abundante ornamentación y flexibilidad melódica. Cuando se habla de música sefardí, no se puede referir a un género nuevo, sino de una adaptación a una medida de unas melodías ya existentes que hicieron los judíos llegados a España, pero que se enriquecieron con la llegada de los sefardíes en abundancia rítmica e instrumental.

El tono dela canción es lo que podríamos decir agridulce, dulce en el sentido de que este hombre ha encontrado a su hermanita que había sido raptada, pero agria y triste por la decepción o frustración de ser esa mujer de su familia y no alguien que pueda corresponder su amor
Camina don Boyso
mañanita fría
|: a tierra de moros
a buscar amiga. :|

Hallóla lavando
en la fuente fría:
|: ¿Qué haces ahí, mora,
hija de judía? :|

Deja mi caballo
beber agua fría.
|: Reviente el caballo
y quien lo traía, :|
que yo no soy mora
ni hija de judía.
|: Soy una cristiana
que aquí estoy cautiva. :|

Si fueras cristiana
yo te llevaría,
en paños de seda
yo te envolvería;
pero si eres mora,
yo te dejaría.

Montóla a caballo
por ver que decía;
en las siete leguas
no hablará la niña.
Al pasar un campo
de verdes olivas

por aquellos prados
qué llantos hacía.
¡Ay prados! ¡Ay prados!
prados de mi vida.
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,

él se la plantara,
yo se la tenía,
la reina mi madre
la seda torcía,
mi hermano don Boyso
los toros corría.

¿Y cómo te llamas?
Yo soy Rosalinda,
que así me pusieron
porque al ser nacida
una linda rosa
n´el pecho tenía.

Pués tú, por las señas
mi hermana serías.
Ábra la mi madre
puertas de alegría,
por traerla nuera
le traigo a su hija.

 
 
Lorca crea con estas canciones una obra que hunde sus raíces en la tradición oral pero su estética tanto poética como musical coinciden con las vanguardias que iluminan el siglo xx , coincidiendo con Don Manuel de Falla.
 
 
 
 
 
 

 

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